

El nombre de nuestra explotación honra un pequeño pueblo en el Pirineo aragonés, cuna de nuestra familia. Esa memoria de la tierra y el trabajo define el carácter con el que, generación tras generación, hemos cultivado el campo. Hoy, esa tradición se asienta en las fértiles riberas del Ebro, en Mequinenza, donde hemos transformado parcelas de secano en modernos regadíos de almendro.
Permanencia y rigor en la tierra aragonesa
Nuestro compromiso va más allá de la cosecha. Buscamos la estabilidad generacional, la conservación del suelo y la profesionalización agrícola, garantizando un legado sólido para las futuras generaciones.


Desde nuestras parcelas de regadío, la vista se extiende sobre el Ebro, un paisaje que define nuestro trabajo diario y el futuro de nuestra producción de almendra.
